Hovik Keuchkerian, palabras que sangran

Hovik Keuchkerian, palabras que sangran

“Escribo desde dentro, actúo desde dentro y vivo desde dentro. A veces acierto, a veces me equivoco, pero estoy en marcha. Yo hago mi trabajo al 100% y doy todo lo que tengo que dar. Lo demás son consecuencias, se escapa a mi control”.

Hay personas que se limitan a vivir. Otras en cambio prefieren sentir la vida, como si el mañana no importara y la alegría y la tristeza fueran dos caras de la misma moneda. Por esta razón, acostumbran también a hacerse preguntas sin importarles las heridas que sus respuestas puedan infligir. Hovik Keuchkerian (Beirut, 1972) pertenece a este grupo.

“Un día hace ya mucho tiempo iba corriendo y una vez más me volví a preguntar ¿qué haces? Y una vez más me volvía responder “No tengo ni puta idea de lo que estoy haciendo”. Así que me paré y decidí que no quería seguir boxeando. En realidad hacía tiempo que ya no quería seguir boxeando, pero a veces tienes que llegar al límite para decirte ¿a quién quiero engañar?

Una necesidad

Hovik te involucra en su historia sin que te des cuenta. Y creo que él tampoco se la da. Saborea las palabras, las golpea, las retuerce y las exprime para transmitirte su alegría o su dolor. El mismo efecto se produce cuando las vomita sobre el papel. Las vivencias plasmadas en sus poemas resultan a menudo lugares comunes para todo aquel que los lee. “El dolor es el mismo para todos. ¿O tú ves algo en la tele que te revuelve el alma y no te entran ganas de llorar? Pues eso”.

Le confieso que me sorprende mucho que no tenga ningún pudor a la hora de mostrar su intimidad. “Siento la necesidad y  lo tengo que escribir. Probablemente sea una forma de expresión, una manera absoluta de confesar. Lokura cuando lo escribí fue un refugio para mí. Tenía muchas cosas en mi vida y en mi interior que me hacía daño y lo escribí. Y cuando lo hice me pareció sangre. A mí no me preocupa que la gente conozca mis dolores o mis vergüenzas“.

Hovik Keuchkerian. Palabras que sangran

Hovik no siente vergüenza por compartir su dolor (Foto: Xaime Beiro)

Esta confesión también la lleva a cabo subido al escenario, alejado de la paz del folio en blanco y con muchos ojos fijos sobre él mientras encadena sus versos. “Cuando piso el escenario, éste me empieza a llevar por donde quiere. Es como si estuviera sólo en mi casa. Me olvido del público, me olvidó de mí. Os voy a contar mi historia. Mi mierda. Y cuando hago eso a la gente pues habitualmente les hace gracia o les emociona. Es bonito”.

Errores

Risa y llanto conforman una dicotomía recurrente en la vida de Hovik, pero no es la única. También se confiesa como una persona muy analítica al tiempo que fiel a su instinto, a lo que le dicta el corazón. “Suelo analizar mucho los errores que he cometido y no me hago cruces, pero sí los analizo. Aunque hay errores que he cometido y que haciéndolos, ya sabía que eran un error. Conscientemente sabía que no estaba haciendo las cosas bien, pero tenía necesidad de hacerlas. Y otras veces he estado muy convencido de que estaba haciendo algo correctamente y ha sido un error todavía más grande que el otro. Los resultados de una decisión es el tiempo quien te los dice”.

La referencia del tiempo nos lleva a hablar del concepto de evolución, a los cambios que se producen en nosotros a raíz de los errores que cometemos y a la esperanza de que estos nos hagan mejores. Como individuos y como sociedad. “Se puede cambiar porque creo que todos compartimos el mismo alma único. Creo en la bondad de todas las personas. Bueno no sé si lo creo o lo quiero creer”.

Palabras que sangran

Cuando había tocado fondo, Hovik sintió deseos de nadar (Foto: Xaime Beiro)

Cicatrices

“Cuando te estás hundiendo y no quieres nadar para salir a flote, hablo de mi caso, es como si desearas hundirte. Llegas hasta a disfrutar de tu estado. Se convierte en una dependencia. Te das lástima de ti mismo y te empieza a gustar cuando sientes asco y vergüenza de tu propio estado”. Así habla Hovik de sus peores momentos, aquellos en los que se alimentaba a base de tequila.

Durante la entrevista nos hemos reído a carcajadas y me ha contados sus proyectos de futuro, entre los que se incluye la grabación de un disco de poemas con una banda que le acompaña mientras recita. Se le ve con ganas de hacer muchas cosas y él mismo lo confirma. “Tengo mucha ilusión. Se me va y se me viene porque hay un punto de mi cabeza que todavía no controlo bien. Pero tengo mucha ilusión”.

Por eso le pregunto entonces qué fue lo ilusionó para empezar a nadar y salir del estado de autodestrucción al que sus propios demonios le habían llevado. “Fueron un cúmulo de circunstancias. Lo que te dije al principio de parar de correr…. Pero por mil. Ni siquiera me di cuenta. Llegó un día en que estaba ya muy cansado. No quería seguir, ni tenía fuerzas, ni me quería mover ni nada. Mi hermano mayor me sacó de casa, me ayudó mucho. Mi hermano y mi cuñada me dieron calor, me dieron amor, me cuidaron mucho. Y ahí empecé a sacar la cabeza”.

Pero huye de la categoría de héroe que se supera a sí mismo. Con ayuda de los suyos ha encontrado una forma de convivir con su dolor, pero sus heridas no han terminado todavía de cicatrizar. Quién sabe cuándo lo harán. “Ahora cuando me ha venido algún golpe o alguna sensación de que vuelvo a caer, lo veo venir, lo reconozco, lo olfateo. Le digo buenas noches, pasa. Quédate dos días y luego tira. Se queda dos días y se va”.

Hovik Keuchkerian: "Palabras que sangran"

Los momentos duros son los que más han enseñado a Hovik (Foto: Xaime Beiro)

Finalcut

Para terminar la entrevista le propongo un juego. Le pido que imagine que es montador de películas y que a sus manos llega un rollo de celuloide que contiene la película de su vida. Le planteo entonces la posibilidad de cortar las partes tristes de modo que el protagonista nunca conociera lo que es el sufrimiento.

“Hombre, tendría que pensar mucho esta pregunta pero te voy a contestar de una forma directa: no. Cuando hablas con la gente, te paras a repasar momentos de tu vida y dices ¡hostias! Los momentos que más me enseñaron son los que me hicieron daño, los que me hicieron sufrir, los que no pensaba que iba a superar. Me quedo con mi vida según está”.

Cuando le propuse hacer esta entrevista sólo puso una condición, que habláramos con libertad de todo. Creo que lo hemos conseguido. No todos los días se conoce a alguien para quien el camino es la verdadera meta. Nos despedimos con el clamor de los tambores inundando el patio central de la Tabacalera. Hovik me da un abrazo. Uno bien fuerte, de esos que uno siente que son de verdad.

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Lee la entrevista completa a Hovik Keuchkerian

Página web oficial de Hovik

Esta entrevista se realizó en La Tabacalera, Madrid.